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La “erradicación del trabajo infantil”: un objetivo ¿al alcance de quién? PDF Imprimeix E-Mail
escrit per IFEJANT   
Thursday, 29 April de 2010

“Honesto es quien cambia su pensamiento para hacerlo acorde a la verdad;
deshonesto es quien cambia la verdad para hacerla acorde a su pensamiento.”
R. Haynsberg

* * *

Se han dado a conocer en estos días los resultados de una encuesta oficial sobre trabajo infantil en el Perú (LA REPÚBLICA. Lima,16.02.10), financiera y técnicamente apoyada por la OIT y ejecutada por el INEI. De ella se desprende que en el Perú 3,3 millones de niños y adolescentes, entre los 5 y 17 años, realizan una actividad económica, lo que equivale al 42 por ciento de la población nacional en esa edad (que asciende a 7,9 millones).

Este es un resultado que contradice rotundamente todas las cifras hasta ahora indicadas por estos organismos, que manifestaban que el número de niños trabajadores era alrededor de dos millones. Se trata de un hallazgo que demandaría una revisión copernicana,  revisión de todos los supuestos ideológicos y orientaciones operativas de los “erradicacionistas” y, plantear, por lo menos, un interrogante severo y duramente crítico de la eficacia y efectividad del programa para la abolición del trabajo infantil: IPEC, que tantos recursos ha gastado y tantos bombos y platillos ha tocado para autoelogiarse por sus presumidos logros y resultados.

Sin embargo ninguna palabra y menos una obligada y humilde actitud crítica en las primeras declaraciones del especialista regional de la OIT, Guillermo Dema (LA REPÚBLICA. Lima,16.02.10) : solo admite de manera tibia y genérica que “las cifras han sido mayores a las esperadas”. Esto es querer tapar el sol con un dedo. Se pone en evidencia que toda la arquitectura teórica y práctica de la OIT y del abolicionismo se basa en que el así llamado trabajo infantil es una “lacra”, una patología, un bacteria a la que se le combate con acciones coactivas de corte jurídico y compensatorio, sin valorar el proceso de lucha y dignificación de los niños trabajadores y sin tocar ni suavemente por decir lo menos, los mecanismos estructurales que producen la explotación de los niños en el trabajo. Consideramos además, que es legítimo presentar disculpas no sólo por los evidentes errores, sino por la inconsistencia que estos nuevos datos permiten descubrir posiblemente en las viejas manipulaciones. ¿Por qué?

En 2006 se lanzó con mucha publicidad un informe de la OIT en que se anunciaba al mundo una significativa reducción del número total y de la tasa de niños trabajando. América Latina y el Caribe era la región que registraba la  reducción más importante. Según este informe, de 2000 a 2004 los niños trabajadores habrían disminuido en la región de 17,4 millones a 5,57 millones y en porcentaje del 16,1%  al 5,1%. Resulta evidente que estos datos no son compatibles con los de la última encuesta en el Perú y que los del informe evidentemente no responden a la realidad y no pueden considerarse como definitivos, además sin poder apelar (¿a quién?) para su revisión. No puede ser que en toda América Latina y el Caribe haya tan solo 5 millones y medio de niños trabajadores si de ellos sólo en el Perú se encuentran 3, 3 millones. Estos datos falsos o adulterados han sido presentados como certeros para demostrar los logros que la política “erradicacionista” de la OIT estaba alcanzando con relación a los resultados prometidos. Esperamos una seria y honesta rectificación por parte de estos organismos. Nosotros seguimos reafirmando la necesidad de un nuevo abordaje del fenómeno, que reconozca a en los niños trabajadores su rol económico y su actoría y protagonismo social, que los acompañe en un camino de lucha y de demandas para una efectiva inclusión, que reconozca las responsabilidades políticas y sociales de la explotación en el trabajo infantil, que ayude a los niños que trabajan en condiciones de violencia y de abuso. La prospectiva debería ser no erradicar el trabajo infantil sino acompañarlos –no sólo en palabras y discurso sino con decisiones políticas- a conquistar  oportunidades para un trabajo digno y adecuado a sus necesidades, en primer lugar las educativas.

Esta, consideramos, es la mejor forma para ayudar a estos 3,3 millones de niños trabajadores peruanos, de los cuales más de un millón hasta hoy simplemente habían desaparecido en el juego muchas veces inhumano, responsablemente despiadado y frío, de las estadísticas oficiales. ¿Quién les va a pedir disculpa a estos niños por tantos años de ausencia, de muerte social a la que han sido condenados? ¿Quién?

Modificat el ( Thursday, 29 April de 2010 )
 
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